LAS DOS CARAS DEL SER
CAPÍTULO 8: NADIE ESTÁ A SALVO
Tras chocar con fuerza sus puños, Santo y Guardián se miraron a los ojos por un segundo. Increíble, éste jovencito tiene una fuerza bastante grande, pensó Paul distrayéndose apenas por una milésima de segundo. Milésima de segundo que fue aprovechada por Seiya, para encajarle una patada en la quijada al Guardián de Bronce, que cayó derribado al suelo.
-No creas que será tan sencillo conmigo, Pegaso.-musitó Paul, levantándose con algo de dolor.-¡Expansive Aura Wave!
El enorme estallido de energía aúrica golpeó de lleno al Santo de Atena, siendo esto aprovechado por el joven Guardián que arremetió con su sable de luz a punta de cortes y estocadas, que Seiya evadía retrocediendo velozmente. En un ligero instante, Seiya dejó desprotegido su brazo derecho y éste recibió un ligero corte, haciendo que el Santo empiece a sangrar.
-¡Aghhh
.
Paul entonces empleó su telequinesis para asfixiar a Seiya, cortándole de pocos la respiración. A cada instante, Seiya sentía con más dificultad el simple hecho de poder respirar. ¿Qué es esto? Nunca antes había enfrentado a un guerrero que pudiera asfixiarme sin tocarme siquiera, pensaba el Santo.
-¿Es lo bueno de enfrentar algo novedoso, no? No sabes que te espera.-repuso el Guardián de Bronce, dando a entender que leía la mente de Seiya.
-Maldito
alguien como tú
no va a vencerme.-replicó un furioso Seiya, quien elevó violentamente su cosmoenergía, haciendo que Paul haga un enorme surco en la pista con su cuerpo.-¡Meteoro de Pegaso!
El joven Tapia no tuvo tiempo de reaccionar, y observó que le caían de lleno miles y miles de impactos que parecían una especie de luces por todo el cuerpo que lo mandaban por los aires y hacían que la cabeza del Guardián choque contra el piso. El resto de aquél heterodoxo grupo de defensores observó totalmente asombrado aquello.
-Asombroso
fue demasiado rápido.-repuso Shaoran.
-Yue, Kero
¿pudieron ver lo que pasó?-preguntó Sakura.
Pero ambos guardianes de las cartas Clow negaron con la cabeza. Sólo Kerberos se animó a hablar.
-Para nada, aunque debo admitir que me alegra que le den al fanfarrón de armadura azulada su merecido.
-¿Ustedes pudieron ver algo?-preguntó Matt a las Sailor Scouts.
-No.-repuso Sailor Moon, con auténtico asombro.
Paul escupió sangre de su boca, mientras intentaba levantarse. Aún estaba azorado porque aquél impacto jamás lo había visto venir. ¿Qué demonios fue eso? Es como si algo parecido a una luz me hubiese golpeado de lleno, pensaba el Guardián.
-Veo que por lo menos tienes el mínimo espíritu para ponerte de pie.-dijo el Santo de Bronce, antes de arremeter directamente hacia el Guardián.
Sin embargo, fue el Guardián quien se agachó casi por inercia y le conectó al Santo un duro gancho a la altura del hígado. Pero cuando Paul intentó patearle el pecho a Seiya, éste le sujetó la pierna y lo arrojó violentamente contra un edificio, haciendo que lo atraviese de lado a lado. Todos pensaron por un instante en que aquello finalmente acabó, que aquél engreído estaba ya muerto. Pero ésa sensación desapareció cuando el Santo de Bronce atinó a voltear a sus espaldas.
-¡Bólido Destructor!-anunció Paul mandando a volar a Seiya hasta el interior de un edificio, mientras el Guardián era cubierto por un aura azulada.
-¡Arghhh
.-el Santo de Pegaso intentaba levantarse, pero recibía de lleno una patada en el abdomen que lo hacía rodar metros más atrás.
-Me criticas por haber ejecutado a ése Shadow Warrior, pero ni siquiera sabes lo que es esto.-murmuraba el Guardián cuando aparecían en su mente algunas imágenes de la vida de Seiya y varias de sus batallas en forma aleatoria.-Curioso viniendo de alguien que igualmente mató.
-¡Miserable! Si he debido matar ha sido por Atena y jamás ejecuté a alguien indefenso.-respondió Seiya, conectándole una serie de golpes a Paul a la velocidad de la luz que impactaron de lleno en todo el cuerpo del Guardián.
Paul cayó derribado al piso sintiendo un horrible dolor en su cuerpo. Ésta velocidad es distinta a la que observé en esos vídeos de las Guerras Galácticas, si sigo así no sé si saldré vivo, pensó el Guardián mientras veía al Santo acercarse.
-¿Indefenso? Niño, se ve que las guerras que peleaste no te enseñaron nada. Gente así no tiene sentido salvarla o dejarla viva.-murmuró Paul, antes de levantarse y meterle un cabezazo al Santo que por poco le rompe la nariz.
Seiya entonces esquivó lo que hubiese sido una estocada en su hombro derecho y dos cortes en el abdomen. ¿Quién es éste hombre?, ¿su cosmoenergía está plagada de violencia y agresión?, pensaba el Santo de Atena, a medida que esquivaba cortes, estocadas y mandobles que Paul buscaba propinarle.
-Gente como ésos Shadow Warriors simplemente no merece nada.-musitó Paul, antes de propinarle a Seiya un codazo en la nuca, para luego sujetarlo y estamparle la cara tres veces contra una pared.
-¡Aún así eso de honorable no tiene nada!-Seiya le metió un rodillazo a la altura del abdomen a Paul.
-¿Quién dijo que una guerra es honorable?-respondió Paul, contraatacando con un duro derechazo a la mandíbula del Santo de Pegaso.
-La guerra, no. ¡Pero a diferencia de ti, al menos yo y mis compañeros, sí!-exclamó Seiya antes de atacar de nueva cuenta a la velocidad de la luz a punta de puñetazos y ráfagas de cosmoenergía que cayeron de lleno sobre el Guardián de Bronce, haciendo que el cuerpo de Paul haga un enorme surco en la pista, yendo a dar a un callejón.
Seiya se acercó a gran velocidad, iba a terminar aquél asunto de una buena vez y encendía de nueva cuenta su cosmoenergía para dar el golpe de gracia. Sin embargo, notó como de pronto su cuerpo entero quedaba totalmente paralizado.
-Si quieres creer que tengo o no honor, es lo que tú creerás.-Paul entonces recibía de lleno más y más imágenes mentales de Seiya en forma descontrolada, como una especie de bombardeo a su cerebro, al tiempo que sangraba por las comisuras de los labios y las fosas nasales levemente.-Pero prefiero mil veces pelear por una causa como el equilibrio, que pelear por una diosa.
-¡Cómo dices!-Seiya se enfureció al oír eso.
-Ésa niña
Saori es como se llama, ¿no? La llaman Atena, pero igual se llama Saori.
-¡Cállate!
-¿Qué pasará si ella muere y no puedes evitarlo? ¿Te cortarás las venas como una niñita llorona o intentarás seguir adelante sin ella de todos modos?
-¡MALDITO SEAS! ¡CÁLLATE!-Seiya no aguantó más la rabia e hizo estallar con fuerza su cosmoenergía, librándose del agarre telequinético de Paul.
Paul sin embargo, se adelantó a Seiya, estocándolo en el hombro izquierdo con su sable de luz. Sin embargo, no podía contener el bombardeo de imágenes mentales que el Santo de Pegaso proyectaba, haciendo que el Guardián se aleje de él, retrocediendo mientras se sujetaba un poco las sienes.
-¿Podrías dejar de pensar tanto en ésa chica? Para ser su protector piensas tanto en ella que haces suponer otras posibilidades. ¿Acaso la miras con otros ojos?
-¡Déjame en paz! ¡Meteoro de Pegaso!-anunció Seiya.
-¡Expansive Aura Wave!-respondió Paul, generando un enorme estallido aúrico que repelía los impactos que lanzaba Seiya, y mandaba al Santo de Bronce a atravesar con su cuerpo dos postes de teléfono.
Ahora o nunca, pensó Paul; mientras notaba como el Santo de Atena se estaba reincorporando e iba a estocarlo con su sable de luz de nueva cuenta cuando escuchó las voces de Rei, Shaoran y Sakura.
-¡Saeta Llameante de Marte!
-¡Dios del Fuego
ve!
-¡Fuego!
El ataque combinado de Sailor Mars, Shaoran y Sakura iba a darle de lleno a Paul, pero éste logró reaccionar casi por inercia y con su telequinesis desvió aquellos ataques hacia Seiya, que los recibió de lleno. Sin embargo, aquellos no serían los únicos ataques que vendrían.
-¡Polvo de Diamante!-anunció un jovencito de pelo rubio, uno de sus dos ojos azules cubiertos por un vendaje, y vestido con una armadura blanca.
-¡Cadena Nebular!-exclamó otro muchacho de pelo con tonos verdosos, ojos verdes, y una armadura fucsia con cadenas.
Una fuerte corriente de aire congelado seguida de una cadena yendo a la velocidad de la luz acabaron golpeándolo duramente, congelando parte de su hombrera derecha y de su peto y atravesando su brazo izquierdo de lado a lado. Paul aulló de dolor al sentir aquellos duros impactos haciéndolo congelarse levemente y sangrar, pero a pesar de ello seguía en pie de lucha.
-Shun, Hyoga
.-murmuró Seiya, quien se incorporaba.
-¿Estás bien, Seiya?-preguntó Shun, al tiempo que alistaba sus cadenas mientras observaba a aquél hombre de armadura azulada.
-Notamos que dos cosmoenergías violentas chocaban con fuerza, una de ellas desapareció y la otra
.-decía Hyoga.
-La otra es la mía. Es mi aura, Santo de Atena.-respondió Paul, blandiendo firmemente su sable de luz y señalando al cadáver de Rysutar.-Era necesario que rematara a ése hombre, dejarlo vivo no era una opción.
-Aún así era un guerrero indefenso. ¿Acaso matarlo te hace mejor que él?-preguntó Hyoga.
-Era lo necesario. Las guerras que ustedes los Santos enfrentan son distintas a ésta, con un enemigo sin honor que no dudará en masacrar miles o millones con tal de dominar éste mundo.
Sakura Kinomoto iba a intervenir, pero en eso tuvo una ligera corazonada. Como si algo terrible estuviera ocurriendo. Un segundo después de que la Card Master tuviera aquella impresión; Seiya, Hyoga, Shun y Paul percibieron que una terrible desgracia se estaba llevando a cabo, y como las vidas de muchísimas personas eran fulminadas. Torpes
desde siempre ése fue nuestro objetivo
todos ustedes son unos estúpidos y sucios primitivos
y ahora lo han demostrado más que nunca, fueron las últimas palabras del guerrero imperial.
Últimas palabras que Paul recordó, encadenando rápidamente lo que quería decir Rysutar con lo que pasaba. Toda la masacre en Nerima sólo fue una distracción, y las peleas con Rysutar y con Seiya le habían dado tiempo suficiente a los caronianos para ir contra la caravana de Tokiomi Takeru y Maxwell Woods junto con las muertes acarreadas por aquello. Decenas, quizá cientos de personas estaban siendo masacradas en Chiyoda, a sólo unas pocas cuadras del Parlamento japonés.
-No
no, no puede ser, maldita sea. ¡MIERDA!-gritó un frustrado Paul voló a toda velocidad hacia aquél lugar, haciendo rápidamente que Santos, Sailors, digidestinados y digimons, hechiceros y Guardianes de Cards, y artistas marciales siguieran al joven Guardián.
Sin embargo por más rápido que quisieran ir ellos no podían detener lo inevitable. Porque aquél ataque había sido ejecutado exactamente hace dos minutos. Un lapso de tiempo breve y casi insignificante en circunstancias normales, pero lo suficientemente prolongado para lo que estaba pasando.
Dos minutos antes, Huranuk dijo la palabra adelante, y el infierno empezó. La vigilancia satelital sobre el presidente Woods y el primer ministro Takera, así como sobre el perímetro de agentes de la CIA, del Servicio Secreto de los Estados Unidos, y de la policía japonesa empezó a debilitarse. Las imágenes proyectadas por los satélites de reconocimiento estadounidenses empezaban a tener fallas, quedando entrecortadas, borrosas y desapareciendo ocasionalmente.
Uno a uno iban muriendo. Los francotiradores apostados en techos, balcones y ventanas; los agentes que protegían directamente la limosina en que iban Maxwell Woods y Tokiomi Takera, así como aquellos que cubrían las comunicaciones en tierra y los que estaban apostados entre el público; todos y cada uno de ellos sentían una horrible sensación de asfixia en todo el cuerpo que bloqueaba su respiración haciendo que finalmente caigan muertos.
-Todos ellos tiemblan de miedo.-decía Arinus algo divertido, oculto entre la muchedumbre y vistiendo ropas casuales azules.
-Están cagándose de miedo.-murmuró Uthbak, tras destrozarle la tráquea con sadismo a un agente estadounidense que no pudo evitar defecar al sentir que la vida se le iba mediante telequinesis, para luego acomodarse los lentes oscuros que usaba y sonreírle a un par de colegialas que pasaban por la calle.
-Uno de ellos incluso pensó en su familia. Un hijo de tres años y una esposa, así como una amante a la cual va a extrañar. Y créanme, pensaba más en la amante.-repuso Edira, desde un automóvil mientras se maquillaba.
-Otro va a extrañar a su hija. Quería verla y pedirle perdón por eso de no haber pagado su pensión ni haber estado con ella las últimas cinco Navidades, cojudeces sentimentaloides.-murmuró Adelia, a la vez que se acomodaba la minifalda roja que usaba.
-Jamás son capaces de ver por el compañero o el amigo que tienen al costado, el que se supone que los apoya y a quien le confían la vida. No le dedican siquiera una imagen mental antes de morir.-repuso Carlos, para luego eliminar con rabia y sadismo a veinticinco agentes policiales japoneses de golpe.-Gente así es innecesaria para el nuevo orden de éste mundo.
-¿Acaso esta misión te tocó un poco más de lo usual, Carlos?-inquirió con sorna Uthbak.
-Si vuelves a joder de ésa estúpida forma, te mataré.-amenazó Carlos con rabia asesina.
Antes de que aquello hubiera escalado a mayores, la voz de Huranuk se hizo notar.
-Muy bien, todos los agentes de seguridad en tierra están muertos. Procedan, soldados.
De pronto, tres escuadrones de soldados imperiales emergieron desde las alcantarillas mediante sendas explosiones que destrozaron pistas, veredas, postes de electricidad y teléfono. En medio del polvo y los escombros, estaban los cuerpos destrozados de manifestantes a favor de la llegada del presidente Woods y de varios periodistas con cámaras fotográficas y filmadoras, grabadoras, celulares y micrófonos.
Los gritos de pánico se hacían más horrendos, entremezclándose con el sonido de las armas láser caronianas siendo disparadas una y otra vez, y con el ruido agonizante de cada uno de los individuos que estaba siendo atacado.
-¡¿Qué demonios está pasando?! ¡¿Cómo es posible que mis agentes y los tuyos no hagan nada ahora?!-decía el presidente Woods, con un tono que reflejaba pánico en todo su ser.
-Pasa lo evidente, señor Woods.-dijo Huranuk con calma absoluta, acercándose hacia la limosina en que estaban ambos mandatarios y pisoteando sin asco el cadáver de una niña de seis años.-Ustedes han dejado de tener control de éste mundo. Ahora es nuestro.
El chofer de la limosina iba a disparar, pero Huranuk fue más rápido y con un certero disparo de su pistola-láser asesinó a aquél hombre. Maxwell Woods estaba aterrado, todos sus agentes en tierra y muchísimos civiles habían sido asesinados sin más por estos monstruos que no mostraban ni una pizca de piedad o de asco hacia lo que estaban haciendo.
-¿Qué clase de asquerosos hijos de puta son ustedes?-preguntó Woods, sintiendo entre ira y miedo.-¿Creen acaso que vamos a tenerles miedo? ¡Los Estados Unidos de Norteamérica harán hasta lo imposible por cazar a gente como ustedes!
-Es increíble pensar que aún imagine que pueda lograr superar lo que vendrá. Usted debería ser más sabio, tal como su compañero al costado.
Woods entonces cayó en cuenta. Tokiomi Takera no había mostrado en ningún momento algo de miedo o de ira. Y tampoco se observaba en el rostro del Primer Ministro japonés siquiera un gesto de parálisis o de shock ante aquellas muertes. Estaba totalmente calmado el Primer Ministro japonés y aquello sólo significaba una cosa.
-No puede ser. ¿Por qué estás con ellos, Tokiomi?
Takera sólo río en forma casi inaudible por un instante, antes de observar a los ojos a Woods y luego desenfundar una pistola-láser similar a la empleada por las tropas imperiales.
-Porque ellos son el bando ganador, tienen un poder que ni siquiera podrías imaginar, y yo tendré un poco de ése poder. Estar con ustedes sería la forma de actuar de los imbéciles.
Tras pronunciar aquellas palabras, Tokiomi Takera disparó tres veces la pistola-láser hacia Maxwell Woods, y al menos dos veces más hacia su brazo izquierdo y su costado derecho.
-Con esto probaste tu lealtad al emperador. Haces bien.
Takera no podía hablar totalmente debido al dolor, y fue arrastrándose penosamente. Con la gente huyendo aterrorizada, nadie pudo percatarse de aquél asesinato ni de la explosión que convirtió en una enorme bola de fuego y metal derretido aquella limosina y convertía a quienes antes fueran el chofer de una limosina y el presidente de Estados Unidos en dos esqueletos carbonizados. A la vez, Huranuk arrojaba en aquella calle algunos volantes con un mensaje en japonés y en inglés para luego salir de la escena y verificar que tanto los Shadow Warriors y los soldados caronianos desaparecían de aquél lugar.
Para cuando Paul llegó era demasiado tarde. La visión de cadáveres de hombres, mujeres, niños y ancianos era desoladora. Desoladora al punto tal que Paul observó en su mente diversas imágenes entremezcladas. Civiles siendo asesinados o torturados, mujeres y niñas siendo violadas, poblados incendiados. Tales imágenes fueron tan intensas que Paul tosió algo de sangre, mientras procuraba calmarse contando mentalmente hasta diez y descendía del cielo hasta donde estaban aquellos muertos.
Seiya, Shun y Hyoga fueron los siguientes en llegar, seguidos de hechiceros, Sailors, artistas marciales y digi-destinados acompañados por digimons. Todos ellos quedaron horrorizados al ver aquél escenario de matanza y destrucción.
-¿Cómo pudo ser posible?-se preguntó Shun.
-La pelea con Rysutar
y contigo Pegaso.-concluyó Paul.-Todo fue una trampa para evitar que lleguemos aquí a tiempo. Y los muy cabrones lo consiguieron.
-Así que una trampa, ¿eh?
Todos voltearon hacia la persona que dijo aquello. Era una joven de cabello con tonos morados, de tez clara y poseía una cosmoenergía cálida y poderosa a la vez.
-Pero
Saori. No deberías estar aquí, éste lugar es muy peligroso.-repuso Seiya.
-¿Ésta es tu diosa, Santo? ¿Una niña?-preguntó Paul burlonamente.
-¡Miserable! ¡Retira tus palabras ahora mismo! ¡Ella es una diosa!
Hyoga y Shun se interpusieron para evitar que Seiya volviera a pelear contra Paul, pero antes que el asunto se fuera a los puños, Saori Kido decidió hablar.
-Tú emanas ésa cosmoenergía inestable y violenta. Así que habla, ¿quién eres?
-Le doy la misma respuesta que le di a ésas mujeres y niños.-dijo Paul, antes de hablar.-Mis enemigos me llaman Guardián. Así que supongo que soy eso. Ni siquiera puedo decir más porque ni yo mismo ando seguro de nada excepto de una cosa. Éstos asesinos no tienen honor ni piedad ni asco al hacer lo que hacen, así que convendría que tomen eso en cuenta. Usted y sus Santos parecen los únicos que pueden hacer una resistencia efectiva, los demás mejor váyanse si no quieren acabar como éstas personas o peor.
-¡¿Cómo te atreves a irrespetar a la diosa Atena?!-inquirió Seiya, totalmente fúrico.
-¿Diosa? No me hagas reír que éste no es el momento. Un dios no se equivoca, lo sabe todo y lo puede todo. No tendría porque preguntarme nada e incluso debería resolver esto por sí mismo, sin recurrir a caballeros de brillante armadura. Así que ni siquiera esperen que me arrodille ante su diosa.
Paul entonces se volvió hacia el resto de héroes.
-No me interesa pelear con alguno de ustedes. Si tanto se obstinan en querer luchar para detener a los caronianos, entonces mejor únanse conmigo. De otro modo, mejor no me estorben y procuren evitar las carnicerías que desatarán éstos monstruos.
Davis miró con rabia a Paul, antes de hablarle.
-¡Ustedes han causado con su estúpida guerra que el Digimundo sea conquistado! ¡Que el señor Genai muera! ¡¿Por qué demonios no se largan todos ustedes?! ¡Ninguno de ustedes es de fiar! ¡Ninguno!
-Eso es cierto, por su culpa es que Hotaru está hospitalizada. Ella era una buena niña, no tenía por qué pasar por algo así.-reclamó Serena, con igual rabia en su voz.
-Y los siguientes quizá sean ustedes... si no hacemos algo para unirnos, este mundo caerá ante los imperiales en cuestión de tiempo.-respondió Paul.
-¿Cómo creerte si tú eres el que emana un cosmos tan inestable?-inquirió Hyoga.
-Eso sin contar con que todos acá parecen apuntarte como el causante de todo esto, incluido el ataque hacia Nerima.-apoyó Ranma.
-¡BASTA!-gritó un furioso Paul.-¿Creen que soy un maldito adivino para saber todas las respuestas o qué? Si yo les dijera una palabra de lo que me ha pasado no me creerían en lo más mínimo... no diré nada a nadie todavía, no importa cuán líder de los digi-destinados, Card Master, princesa de la Luna, diosa o cualquier título que tenga alguno de ustedes... no pienso decir nada y se acabó... si quieren unirse junto conmigo en la lucha contra los imperiales háganlo, y si no, váyanse a la mierda.
Tras aquellas palabras, todos cayeron en cuenta que había varios helicópteros de los medios y de la policía, filmándolos, ante lo cual cada quien decidió huir por su lado.
Al mismo tiempo, se veía en las calles el volante que Huranuk había lanzado previamente. Era un volante con un mensaje en poquísimos kanjis en japonés y una frase corta en inglés, con un mensaje claro y aterrador en medio de aquél desolador lugar: No one is safe. (1)
Fin del capítulo 8.
Notas del Autor:
Y allí lo tienen. Capítulo ocho finalizado. Creo que el mensaje está más que claro, y es que oficialmente nadie en ése mundo está a salvo ni puede sentirse seguro sin importar quien sea. Debo reconocer que fue alucinante el volver a imaginar la pelea entre Seiya y Paul, el choque entre Santo y Guardián con dos concepciones sobre las peleas que tienen similitudes y diferencias en varias cosas.
Aunque fue todavía más alucinante describir éste ataque terrorista, que me permitió llevar a un nuevo nivel el terror que va a describirse en ésta historia. Muy posiblemente a algunos les parecerá fuerte esto, pero
caray, ¿esperan acaso que un ataque tan horrible sea lindo o acabe con final feliz? Si alguno de ustedes me dice que si, pues ni modo, ya la realidad les enseñará cosas peores, jejejeje.
Oh, por cierto, en caso de que alguno de ustedes no supiera el inglés más básico, que siempre puede pasar tal cosa. Acá les va la traducción de aquella frase en inglés.
(1)No one is safe: Nadie está a salvo.
Comentarios, amenazas, bombardeos termonucleares, dinero y demás a falcon_blueaura@hotmail.com o a falconblueaura@gmail.com
¡Hasta el capítulo nueve!














Comments
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Be hippie, XD be happy
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